El tenango es un estilo de bordado originario del municipio de Tenango de Doria, en el estado de Hidalgo, México. La característica de estos textiles es la combinación de colores y la representación de la flora y fauna, también se puede representar escenas de la vida cotidiana, la religión, fiestas patronales, carnaval, día de muertos, la cosecha, etc. Los bordados son portadores de lenguajes simbólicos que expresan el entorno, la vida, los mitos y ritos, reproducidos a través del tiempo.

LOS BORDADOS TENANGOS

  Entre todos los textiles tradicionales mexicanos, es probable que los tenangos sean los más populares. Estas piezas bordadas pertenecen a la tradición del pueblo otomí, cuyos artesanos utilizan hilos multicolores para dar vida a hermosas escenas llenas de la flora y fauna de la región.

Aunque su creación es relativamente reciente—y sucedió casi de manera fortuita—los bordados hoy forman parte de la identidad cultural de los habitantes de la zona. Su belleza los ha vuelto famosos tanto dentro como fuera de México

El tenango es un estilo de bordado proveniente de la Sierra Otomí-Tepehua del estado de Hidalgo, al norte de la Ciudad de México. Se caracteriza por sus elaborados patrones llenos de color, que a menudo son protagonizados por todo tipo de flores y animales con apariencia casi fantástica. 

Entre los artesanos que se dedican al tenango hay también “dibujantes“, quienes trazan los diseños sobre la tela de manta. Cada dibujante tiene su propio estilo particular, y sus diseños suelen estar marcados por las experiencias de la comunidad. Así, además de los motivos naturales podemos encontrar diseños que hacen alusión a la migración, a actividades como la siembra de maíz, o a celebraciones como el Día de Muertos.

Hoy en día, los tenangos artesanales toman muchas formas, pero por lo general se les usa para decorar manteles, caminos de mesa, vestidos y blusas.

 

 

 

ORIGEN DE ESTOS BORDADOS

   

En los años 60, el municipio de Tenango de Doria en Hidalgo se vio gravemente afectado por una sequía. Al ser una comunidad dependiente de la agricultura, la economía local se vio interrumpida, y sus habitantes tuvieron que buscar nuevas alternativas de trabajo.

Una de esas personas era Josefina José Tavera. Originaria del poblado de San Nicolás, José Tavera se encontraba en una difícil situación económica, ya que era madre soltera y necesitaba un sustento para mantener a sus hijas. Un día, mientras se encontraba en el mercado, encontró un trozo de manta y lo llevó a casa. En él, dibujó diseños inspirados en la vida silvestre de la zona—como venados, conejos, aves, peces y zorros—y los bordó con hilos de colores. Su madre, Guadalupe Talavera Cristóbal, llevó la pieza terminada al poblado de Pahuatlán, donde un habitante de la zona la compró. Encantado por su calidad, el hombre llevó el bordado a la Ciudad de México, y a su regreso encargó más de ellos.

Para cumplir con esta nueva demanda, varias mujeres de la zona empezaron a aprender la técnica de bordado. Se acordó que el nuevo diseño sería conocido con el nombre de tenango; de esa manera, sus compradores conocerían el origen de las piezas. Si bien las artesanas se dedicaron a hacer servilletas y manteles en un principio, eventualmente comenzaron a decorar otro tipo de productos, desde fundas para almohada hasta vestidos y separadores de libros.

La popularidad de los tenangos siguió creciendo con el tiempo, hasta llegar a ser considerados patrimonio cultural de México. Hoy en día, estas piezas pueden verse expuestas en grandes instituciones culturales como el Museo Nacional de Antropología y el Museo de Arte Popular.

TRADICIÓN INDIGENA

Pese a su exuberancia, esta parte de México ha sido, en buena medida, ignorada y su herencia, menospreciada. La enorme pobreza obligó a muchos otomíes a migrar a Estados Unidos, la única manera de salir de una infancia de hambre y carencias.

La gente de aquí todavía habla otomí, una lengua tonal indígena, aunque en la mayor parte de la región también se habla español.

“Siempre hemos sido muy marginados por ser indígenas”, señaló Rebeca López Patiño, una artesana del poblado.

Sin embargo, nada ha evitado que sigan bordando con las imágenes exuberantes que ornamentan colchas, tapices, cojines, ropa e incluso aretes. En los poblados de la localidad,  los niños comienzan a bordar antes de aprender a leer. 

La tradición de los tenangos es nueva para estándares mexicanos, los otomí o hñähñu, como se llaman a sí mismos, desarrollaron esta singular iconografía en los años sesenta.

Marta Turok, una antropóloga y experta en arte folklórico mexicano, dijo que algunas de las imágenes podían haberse derivado de pinturas en cuevas o de representaciones de ceremonias de curación que practican curanderos locales, quienes se cuentan entre los primeros artesanos.

Pero el pueblo otomí ha enriquecido sus diseños con nuevas experiencias, entre ellas la migración, dijo Diana Macho Morales, antropóloga social de la Escuela Nacional de Antropología e Historia que ha llevado a cabo investigación en la comunidad.

Junto a las imágenes estilizadas de flora y fauna, Macho ha encontrado algunas sorpresas: una girafa derivada de una campaña de nutrición del gobierno y al Íncreible Hulk.

Para la mayoría de los artesanos, el vínculo unidireccional con la industria de la moda internacional no es más que una nota al pie, algo que distrae de la verdadera preocupación de cómo ganarse la vida.

¿PELIGRA LA CONTINUIDAD DE ESTE ARTE?

Debido a que es una actividad totalmente artesanal, la continuidad cada vez se ve mas en peligro. Los hijos de aquellos que se han dedicado a este trabajo, están dejando de trabajar en esta industria. Algunos intentan que su trabajo sea valorado, dado que muchas industrias dedicadas a la alta costura han  plagiado sus diseños, muchas veces por falta de conocimiento. Ya que se han puesto muchas veces de modas sin que se haya hablado de este pueblo. Olvidándolos y no dandoles la visibilidad que todos ellos merecen, 

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En Tixzula queremos que se conozca la historia de estas gentes que con sus preciosos bordados llenas de color y alegría  mostrando diseños naturales y costumbristas, de una gran belleza, 

 

 

 ¡Os presentamos una taza para que tu primer cafe o te de la mañana esté lleno de color y energía. Un cariñoso homenaje al pueblo indÍgena de Tenango, 

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